Esta vez no me han maquillado y peinado para la ocasión, ninguna cámara enfoca mi cansada mirada violeta, ningún director observa atento la secuencia, ni tampoco escucho música envolviendo la visible emoción…
No habrá aplausos ni ovaciones al terminar la escena, ni felicitaciones ni flores en el camerino y, sin embargo, será el acto más importante de mi vida…. o de mi muerte.
Ahora repaso mentalmente mi filmografía, pero no la que todos conocen, sino la que todos desconocen; la de la muchacha aterrada antes de salir al escenario, la de la mujer insegura antes de estrenar una película, la que arranca temblorosa las críticas del periódico… ahora todo eso no importa, todavía me quedan unos instantes, unos eternos instantes… ahora la vida me dedica un último primer plano que tengo que aprovechar… Se aproxima lentamente la luz de un foco, me parece distinguir unas siluetas… son ellas: Helen Burrows, Cynthia Bishop, Carol Pringle, Susan Prackett, Amy March, Melinda Grayton, Angela Vickers, Maggie Pollit, Catherine Holly, Gloria Wandrous, Virginia Wolf, Cleopatra… ¡GRACIAS!, gracias por acompañarme en este acto final, gracias por permitir que me convirtiese en la intérprete de vuestras emociones, gracias por compartir ilusiones y frustraciones, alegrías y desengaños, gracias por darme lo mejor de vosotras y gracias, sobre todo, por permitirme ser quien soy, quedándome con lo mejor de cada una y regalándome este pedacito de inmortalidad…
Mi tiempo se acaba… me siento liviana, etérea, descansada… me parece estar oyendo una ovación… me dirijo hacia el brillante foco que me deslumbra…
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Elyzabeth Rosemond Taylor (27 de febrero de 1932 - 23 de marzo de 2011)

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