Hacía más de 40 años que ejercía de manera sorprendente la abogacía, desde aquel día que, contra todo pronóstico y ante los rostros asombrados del tribunal, ganó el juicio del más sanguinario dictador Guatemalteco. Desde entonces su meteórica carrera se proyectó de manera asombrosa, numerosos pleitos abarrotaban su mesa, resolviéndose lucrativamente para él y satisfactoriamente para sus clientes. Los éxitos se habían convertido en la clave para saborear un futuro que había ido postergando.
Nadie podía sospechar que en la soledad de la noche el remordimiento le torturaba y su arrepentida conciencia terminaba encarcelada en un profundo menú de perjurios, falsas declaraciones, testimonios arreglados y omisiones de pruebas que, implacables, le mortificaban. Pero ni en sus peores pesadillas podía imaginar que al suprimir aquella comisión rogatoria del dictador, estaba condenando a su alma en la hoguera eterna como compensación de los miles de inocentes que sufrieron la tiranía en Guatemala.
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Con este micro participo en el III Concurso de Microrelatos sobre Abogados. Se trata de contar en 150 palabras un relato sobre abogados que contenga las 5 palabras que cada mes se deciden.

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