“¿Y cuándo será el incendio?”, pregunté. Todos me miraron y sentí como me arrugaba en la silla ante la mirada de aquellos extraños. Era la primera vez que pertenecía a un grupo, aunque fuese tan dispar como ese; había un abogado de oficio, un fontanero en paro, un ama de casa, un director de banco, una prostituta, un locutor de radio y hasta un diputado.
Por fin el cabecilla del grupo contestó: “Lo haremos mañana”, y lo dijo con
tal determinación que nadie rechistó, así era él… todavía recuerdo el anuncio
que puso en el periódico: reputado
psiquiatra organiza terapia de grupo para pirómanos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario