Veo junto a su reloj unos números grabados en su piel y decido anotarlos antes de que despierte.
Como cada mañana soy la primera en levantarme y cuando él sale de la ducha yo
estoy saliendo por la puerta.
Los celos me devoran
y antes de pensar lo que estoy haciendo, la voz de los números responde a mi llamada.
Pero no es la voz aterciopelada que esperaba escuchar, es una voz ronca, grave,
es la voz… ¡de un hombre!
- ¿Con quién hablo?
– pregunto
- ¿María? No
esperaba volver a oírte. La última vez me dijiste que querías a tu marido…
Mi teléfono se ha estrellado
contra el suelo.

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