De niños jugábamos a pisarnos la sombra. De mayores pasamos a pisarnos en la sombra.
La mulata le dejó una sonrisa en la cara y un puñal en el costado. Su sombra se quedó tirada en el asfalto, encerrada en una marca de tiza.
Es extraño, pero cada vez que destapo la urna, descubro tu sombra proyectada en la pared.
El niño acurrucó sus huesos en el suelo y cerró los ojos, rendido al fin. En ese momento la sombra de los buitres se hundió en la tierra.
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Aquí los micros de la sombra. He quedado finalista con el primero.

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