sábado, 28 de mayo de 2011

Autoayuda


La mujer de la foto es Rosa Parks, una mujer americana de color que luchó contra la segregación y a favor de los derechos civiles para los negros. (http://blogs.ideal.es/rigolettobloguero/tags/im%C3%A1genes)


“Este gordo ocupa mucho lugar”, pensó mientras se acomodaba en el minúsculo espacio que quedaba entre él y la ventanilla del autobús, cerró los ojos y se dispuso a olvidar aquel maldito lunes que la había dejado engrosando la lista del paro, por segunda vez en lo que iba de mes… pero así tendría más tiempo para su hijo, siempre había que enfocar las malas noticias de manera positiva, eso aconsejaban los manuales de autoayuda, los que la ayudaron a averiguar que su hijo tenía un sueño profundo y no que había sufrido muerte súbita, como creyeron los demás.




CUENTA 140: La pasta de dientes



Metió la ropa, los zapatos, los perfumes, el cepillo y la pasta de dientes… cerró la urna y la enterró. Era libre para comenzar su vida.

Pacientemente destiló todo su cuerpo y mezcló su esencia con la pasta de dientes, así podría saborearla cada mañana.  

Arreglarse los dientes: una pasta. El consuelo de ver a su marido pagar por ello: no tiene precio.


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CUENTA 140: El teléfono


Sus muchos años de experiencia como detective no le ayudaron. Se jubiló sin descubrir donde se encontraban las llamadas perdidas.

Llevaba un mes desaparecido y nadie comprendió mi angustia al recibir su llamada. Sólo yo sabía que allí donde le arrojé no hay cobertura.


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Esta semana no ha habido suerte...

EL JUEZ



Ahí está, con una postura imposible y mirando al infinito. No tiene cara de mal tipo, quizás un poco bobalicón, muy espabilado no sería cuando ha terminado desnucado en mi salón. Y todo por las locuras de mi mujer, que si el Premio Planeta tiene un fallo de encuadernación, que si no te pago el libro, que si cojo la escultura de bronce y…
Mientras tanto ella está en el balcón tan tranquila, limpiando la jaula del pájaro y viendo pasar la Procesión de la Piedad. Tengo la sospecha de que está tan acostumbrada a que yo me encargue de limpiar sus arrebatos, que ni siquiera tiene remordimientos de conciencia. Pero esto se va a acabar, esta será la última vez que llamo a Leo “el tuerto” para que haga que parezca un accidente.
Debo ser el juez que más favores debe a los delincuentes de su jurisdicción.